Tengo tantas cosas para escribir, tantos pensamientos, hechos, sueños, suposiciones.... que mi cabeza se convierte en un baúl pesado y no me deja pensar adecuadamente. Y entonces las ganas de escribir se me van. Hago un esfuerzo, no quiero escribir nada relacionado con nadie. Lo supe hacer y no me fue nada bien. No porque le hice mal a esa persona. Más allá de eso el principal motivo era que me hacía mal a mí misma publicando cosas que no las sentía pero que en momentos de ira parecían ser así. Es inevitable no conectar mi pasado con esas personas. Entonces decido que lo mejor es hablar del ahora, dejar todo lo demás para mi cabeza. Es ahí donde siempre se tendrían que haber quedado mis pensamientos. Quizás así todo hubiese cambiado. Pero no puedo conmigo. Nunca pude, y no sé si alguna vez podré.
Y la última oración describe mi impotencia actual. Esa sensación de que no podés controlar todo, por más que quieras o lo intentes. Te podés esforzar hasta quedarte sin fuerzas, pero si se tiene que dar, se da. Y es así. Mi cerebro no lo entiende y le encanta perturbarme con eso todas las noches.
No pienso decir nada más. Nada personal. Si a alguien realmente le importa por lo que estoy pasando sé que vendría y me preguntaría. No quiero decir nada por acá. Son muchas cosas.
Escribí tanto, y no escribí NADA.